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  • Marco Antonio López Salamanca

Me han invitado a participar en el posconflicto 2

Mis notas sobre “…el postconflicto, que susto” han producido un buen número de llamadas, debaten los conceptos: guerrero y héroe, que afirmo como desgracias surgidas en el devenir post-originario de la humanidad; sigo sosteniendo que mientras deifiquemos al guerrero y sublimemos al héroe, la paz seguirá siendo ilusión y la guerra maldición cooptada por el guerrero y su poder; feliz él con esta estupidez, que hace de la maldición costumbre.


Me obligo a sustentar este planteamiento en la manera que permite las míticas al dramaturgo.


Las míticas originarias o de creación nos entregan un mundo amplio, libre; también las míticas fundacionales son testimonio de ello; el guerrero se hace visible con las míticas constitucionales, con la producción de instrumentos con los que se somete naturaleza y voluntad humana, la apropiación de espacio terreno, y la acumulación de bienes, es también la construcción de la estructura de valores con la que conforma su sociedad como nación, el territorio apropiado por el guerrero; sobre esta épica se constituye el héroe, defensor de los valores de apropiación y poder de acumulación del guerrero.


La idealización del héroe, defensor de la estructura de valores de la sociedad, le da un carácter político, sustenta el ejercicio de las armas en el aparato militar; se concretiza en fuerza militar la razón del guerrero quien se transmuta en divinidad para revelarse, transustanciado en rey, “poder de Dios en la tierra”; siempre superior a todo lo visible; sus poderes institucionalizados, como hilos manejan la máquina de someter, de explotar, de matar.


Con la ley del más fuerte, las dictaduras y los absolutismos eliminan el libre pensamiento; su selección natural de las clases, con la competencia y su principio segregacionista; la superpoblación humana, con las guerras militares y las depresiones en la producción de la miseria.


Ahora, en las naciones, el poder del guerrero está por encima de los partidos y las instituciones; en el conjunto internacional es administrado y desarrollado por multinacionales y transnacionales que regulan los poderes supranacionales; la Segunda Guerra Mundial, resignifica el poder neoliberal como globalización, que borra todas las fronteras para el capital; así, el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) orientan las políticas económicas en las naciones; compiten con el narcotráfico, para corromper la institucionalidad, industrializando el delito; el guerrero corrompe y delinque por derecho de su poder. La ONU y la OEA orientan los procesos políticos y sociales, exigiendo una democracia imposible, mientras las leyes del monopolio insistan en liquidar el pensamiento libre y las lógicas ancestrales, sepultadas por la lógica occidental y el judeocristianismo, para satisfacer la ambición y codicia del guerrero, liquidando el equilibrio medioambiental y climático del planeta; la OTAN con la CIA, imponen el control político militar entre las naciones: espionaje, traición, insurgencia, dictaduras; para-militarismo; lo militar es enajenado, el guerrero lo ha desvergonzado; como en años de la violencia liberal-conservadora cuando los “pájaros”, que amenazaron y sacaron a los campesinos de sus tierras, fueron héroes sacados de los cuarteles en noches clandestinas, sobornados con permisos y ascensos; ahora, el héroe mata por tarea y multiplica su salario con muertes de civiles, registradas “en combate”, el valor que lo creó se ha corrompido; pero el mayor negocio, que significa la privatización y corrupción, de la seguridad del Estado es una orden del Pentágono, lo trae el General William Yarborough, comandante de los boinas verdes, por recomendación de la OTAN, organizar “grupos paramilitares secretos para llevar a cabo operaciones violentas contra la oposición doméstica o nacional”; Alberto Lleras Camargo inicia la para-institucionalización del Estado y su heroicidio, con el decreto 1705 de 1960; una legislación, de la que el país no se enteró, obnubilado por la visita del presidente Kennedy, su afamada esposa y la Alianza para el Progreso, pero es piedra angular del Modelo de Estado de la Seguridad Nacional; se trataba de asegurar la menor oposición a la configuración del modelo económico que plantea, desde la escuela de Chicago, el economista Milton Friedman; lo que hoy nombramos como modelo neoliberal, complementado con los TLC; aquel proceso lo fortalece y amplía en su cobertura Guillermo León Valencia en 1965 y remacha Lleras Restrepo, subordinando los demás cuerpos de seguridad del Estado al mando de las Fuerzas Militares, en 1968.


Feliz el guerrero, terminada la Segunda Guerra Mundial, las guerras locales, las dictaduras y el paramilitarismo en América Latina le sostienen su economía de guerra, y la creación de las guerrillas en 1964 le garantizan la ampliación continua de su mercado; hoy el guerrero quiere la paz ¿Cuál será el camino de su codicia?


La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), establece y controla la red mundial de telecomunicaciones; de la experiencia nazi aprende Joseph McCarthy, el inquisidor de Hollywood, que deja claro que la comunicación es un proceso de orientación de mensajes, que por su significación condicionan acción, ideología, fe y pensamiento de masas poblacionales; se trata de orientar los procesos de significación y comunicación, como instrumentos de modelación del deseo y de homogenización de la cultura; el guerrero necesita garantizar la estandarización de la producción y la ampliación de su consumo; los medios de comunicación proyectan el modelo de vida, el tipo de sociedad que la aldea, vereda o campo debe asimilar como su gran aspiración, es la cultura de masas correspondiente al modo de producción capitalista, y entra en contradicción con el modo de vida que construyen los pueblos en su proceso preindustrial, agrícola y fundamentalmente artesanal y de herencia ancestral. La cultura como producción de la artificialidad social representada, que el modo de producción está construyendo, enfrentada a la cultura de lo presentacional como proyección de lo ancestral, de la costumbre o de lo tradicional de la vida de los pueblos en su propia dinámica, de vida productiva.


La TV nos llega en plena violencia liberal-conservadora, con el objetivo de disuadir del conflicto a las masas de campesinos, migrantes del campo a la ciudad, quienes por su analfabetismo se informan fundamentalmente por la radio, generalmente liberal; disuasión, por medio de Entretenimiento y Cultura, que se logra en tiempo de violencia; la imagen de la TV como expresión representativa del modo de vida, se convierte en instrumento de paz; pronto llega la privatización que en comunicación significa limitación en la libertad de expresión pública, por una parte ocultando la información y comunicación de las dinámicas que no les parecen apropiadas a su interés económico o político de lo público, y de otra, las limitaciones que se han colocado a la expresión de lo nacional en la cuota de pantalla; en cine, en el escaso derecho de posicionamiento de nuestras películas, sometidas al veto que usan distribuidores, con el beneplácito del gobierno.


¿La UIT, estará de acuerdo en revisar y reprogramar sus políticas de producción de comunicación, control y diseño de contenidos y administración de espacios de emisión, con la sociedad Colombiana?

El guerrero nos heredó de su guerra el paramilitarismo, el que debe desinstitucionalizar de raíz y con el afán con que fue institucionalizado en 1960, esto se negocia con la OTAN. ¿Quién sabe de su voluntad para permitirnos una sociedad de paz y el costo que debe pagar en ello?


Reclamo para el país el derecho de indemnización que le corresponde, para restituir bienes y recomponer mental y culturalmente a las víctimas de su determinación guerrerista; también le reclamo el propósito de enmienda y garantía de no repetición.


En este largo camino de guerra, nos llega la TV, tan limitada hoy en la cuota de pantalla para nuestra expresión cultural, que reclamo la recuperación, para la nación, de nuestro espectro electromagnético, repensar y rediseñar su utilización en razón, seguramente, de las nuevas necesidades y relaciones que aspiremos a construir, en la superación del conflicto; la democratización de nuestro espectro electromagnético implica rediseñar el modelo de privatización, que está liquidando un activo importante, como elemento de transnacionalización cultural; democratizar el derecho de expresión de la diversidad de contenidos y de la pluriculturalidad que nos conforma como nación; reclamo que las expresiones extranjeras, con un porcentaje mayor del 15% de emisión en nuestro espectro, que produzcan condicionamiento por modelación conductual a la cultura, deben pagar una cuota, en dinero suficiente para des-condicionar, recomponer y promover los factores de desarrollo cultural, con nuestras expresiones vivas, presentacionales y representacionales, en los campos de lo plástico, lo rítmico y lo literario de nuestras regiones, con respeto y recuperación de lo ancestral; que sea compromiso de la UIT.


Entonces, adiós en nuestras mentes, y desprecio en nuestros corazones, al guerrero y al héroe.


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