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  • Marco Antonio López Salamanca

Avatar, de James Cameron

O los peligros de que otro se meta en nuestros zapatos

Una de las características de la ética pedagógica cinematográfica, es la responsabilidad del análisis sobre los modelos creativos, sus resultados y los factores que inciden en estos hasta convertirlos en fenómenos.

Se trata de instrumentarse para entender que el acto productivo de la expresión estética lucha por ser independiente de factores externos a él, mientras paradójicamente genera las condiciones de inversión, promoción, distribución etc., todo un andamiaje interdependiente económico, social, psicológico, político y militar que, en aprovechamiento de la seducción estética del producto, tiende a determinar las lecturas de significación y también a darle predominancia a una que queda en la psiquis del espectador en beneficio de intereses convenientemente mejor negociados.

Se trata de entender que la producción expresiva y su intercambio es comunicación e intercambio de lógicas de pensamiento, sus maneras de entender, leer el mundo y persuadirlo para ganarse el respeto y la equivalencia de sus derechos en la vida del planeta.

Evidentemente, el intercambio desigual de los valores expresivos trae consigo desigualdades en los factores que constituyen el andamiaje que he enunciado antes, especialmente en lo psicológico, político y militar; son los factores que me inquietan ante la producción expresiva de Avatar.

Con la lógica del imperio se piratea un mito Indio, se le despoja de su lógica ancestral, de inclusión simbiótica entre su religiosidad natural y la biótica del mundo que habitan, y se le aplica el principio guerrerista del mundo que está ahí para ser trasformado y puesto a servicio del hombre; quedan claras las bases de la gramática dramática que diseña el guión.

El guión sobrepone las necesidades de la producción de los humanos sobre una especie, apenas considerada por la visión científica, una riqueza biótica cuya comunidad vive una lógica de salidas y respuestas simultáneamente multi-vectoriales, es decir sumamente peligrosa para los humanos que llegan a la conquista o a la destrucción, para satisfacer su negocio; la científica le advierte al guerrero los peligros de esta bioestructura que solo necesita cerrarse para aprisionarlos en su organismo y destruirlos definitivamente; sin embargo el guionista agota los factores de disuasión, persuasión y coerción en un proceso marcado por el soldado que ha de ponerse en los zapatos del otro, es decir encarnarse en los índigos, para comprenderlos en su lógica ancestral e imponerles su lógica de guerrero, pero cae en la magia ancestral de los índigos y la debilidad de los soldados, se enamora y este factor, descuido del guerrero sobre su comando, abre una fisura de contradicciones en el interior de la nave que lo obliga a llevar el conflicto a la ascensión a los extremos y desatar la guerra; el guionista hace un extraño en la gramática dramática, olvidando todos los reconocimientos del poder de la bioestructura ancestral la convierte en ignorantes y débiles víctimas del guerrero; situación típica para convertir al encarnado en héroe defensor de los débiles que entre el Eros y el Tánatos se determina por el amor.

Los índigos inexplicablemente ignoran sus poderes y seden alianza con el soldado y su lógica conveniente y traicionera, asumen su capacidad guerrera y le seden la dirección del combate, dándole al guerrero una lección de su propia escuela de pensamiento, le derrotan con sus propias armas.

Los ancestrales azules, en la negación de su lógica de pensamiento ignoran el poder de su bioestructura y de sus principios de inclusión simbiótica con el mundo del cual se consideran jardineros, y al cual se le pide permiso para cortar una hoja del árbol; poco importa ahora el conflicto en la lógica del guión, ni la verdad del cambio en los factores del conflicto, que se plantea en la primera parte de guerra entre dos lógicas, pues la ancestral deniega sus facultades y el guionista oculta en el amor del blanco con su índiga, su lógica perversa de esteta guerrero del imperio, y apresura el final.

El guerrero ha muerto, ha vencido la guerra, su lógica destructiva se ha posicionado en la voluntad del vencedor y ahora empezarán a destruirse entre ellos para alcanzar el modo de vida americano, el que nunca los reconocerá como seres humanos; los dejamos meter en nuestros zapatos.

Bogotá D.C., enero 29 de 2010

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