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  • Marco Antonio López Salamanca

EL ACTOR EN LA CONSTRUCCIÓN DE SOCIEDAD

Pienso, que mi mejor aporte en este encuentro con pre-actores, El Actor en la Construcción de Sociedad, es lo que mi experiencia vital de actor pueda traerles como Memoria; la dinámica de la cultura, como característica de vida (propiamente local, regional y nacional), en el proceso de la producción con sus formas y costumbres, con las relaciones y conflictos que viven quienes producen; y cuya huella da testimonio de verdad en sus formas artísticas que expresan, como condición humana, las consecuencias del desarrollo instrumental y de intercambio que impone el modo de producción y su política de estado.


Aún habita en mi memoria el largo fin de la Segunda Guerra Mundial y su huella sobre Colombia; ésta, orgullosa porque, como puerta de entrada en América del Sur, es elegida para la realización de la Conferencia Panamericana, en 1948; ahí donde concretan la OEA, correspondiente al supra-poder o supra-estructura organizativa de los Estados Unidos sobre los nacidos bajo su poder en el mundo: la OEA, la OTAN, la ONU, la UNIT y el FMI, establecen como gobierno global del capitalismo, las fronteras necesarias para impulsar su economía de guerra, en lo territorial, marítimo, espacial, de las ideas y el modelo de comunicación que condiciona la conducta colectiva; nadie se entera de que trata esa Conferencia Panamericana y todo queda oculto, como la violencia que se vive en los campos colombianos, en la humareda que levanta el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril.


Desde mediados de los años 30 del siglo pasado, vivimos un violento enfrentamiento entre los grandes terratenientes de la época (la Iglesia y el lauro-alzatismo) afanados por afirmar su modelo económico franco–musoliniano, contra los industriales preocupados por una reforma agraria anti feudal; este conflicto, “vestido como violencia liberal-conservadora” les recuerda a mis padres, cómo los terratenientes conservadores ordenan que, en las sombras de la noche, sean sacados del ejército a soldados especializados, (los llamados pájaros) y policías de Chulavita (llamados chulavitas), para aterrorizar campesinos y obligarlos a abandonar sus tierras y cultivos; mientras otros los organizan en guerrillas; pregúntenle a sus abuelos, quién? o ¿quiénes les llevan las armas y los pertrechos para combatir?, a nombre de liberales y conservadores?; y los abuelos, con esa tristeza que oculta el peso de los recuerdos en las arrugas de sus rostros, han de señalarles: pregúntenle a Laureano, a Alzate o a Lleras Restrepo; meten a los campesinos en la guerra, y sin contar con ellos firman El Frente Nacional, después los abandonan, los señalan como bandoleros y les echan encima al ejército.


Con esta violencia, las expresiones artísticas de la cultura quedan bajo amenaza, representar en una obra de teatro es abrir la fosa; el miedo que cunde en los campos, atenta contra el actor vocacional, el aficionado que igual se expone en los escenarios de las escuelas y los colegios, como en los salones comunitarios; hasta los actores profesionales tienen que medir el contenido de su expresión, bajo sentencia desde el púlpito o la jefatura de policía.


Así, imperceptiblemente, se conforma el vacío de expresión artística que impone la violencia del bipartidismo, como condición de vida nacional; vacío expresivo evidente en el silencio, la ausencia y el exilio de personalidades que aportan con su capacidad representativa brillo a la nación y pensamiento crítico en su obra: el cuentero, el actor de calle, el declamador; el Teatro de la Comedia de Luis Enrique Osorio, es incendiado, la radio amenazada; sólo queda el pasatiempo de la representación costumbrista, como burlesca apologética del sometimiento y la dominación; se ve en las danzas, desvestidas de la producción que las engendra, y por el miedo disfrazadas con brillante oropel, los sainetes clericales y sus comedias ridiculizando los sueños campesinos y celebrando la humildad esclava, también la burla y el desprecio al taimado campesino como su servilismo, en la poesía costumbrista; se alcanza a salvar la desfachatez cotidiana del Rolo en el Artista Colombiano, tratado como el mísero loco, los dichos del Pedro Rimales, el circo como pasatiempo de hilarante gusto, generalmente venido de Chile y México; también queda la literatura, que en un país de analfabetas ningún peligro significa para esa llave ideológica de religión, ejército y gamonalismo.


La violencia, que reside en la memoria de sus abuelos, llega a las ciudades con el dolor de los migrantes campesinos que se guarecen bajo los dinteles de las puertas, los rostros tristes ante las ventanas de las casas con artesanales letreros de “se arrienda pieza sin niños”; la emigración del campo a la ciudad se integra como factor importantísimo en la dinámica cultural del país.


Cuando la expansión de la violencia amenaza con salirse de las manos del “lauro-alzatismo” y el “llerismo” que la han generado, actúa el supra-poder internacional estimulando la violencia local que trata militarmente y transforma en guerra, fuente de capital que implica inversión para garantizar su rentabilidad económica y política en la dominación; las guerrilla de la época exigen al gobierno leyes que les otorguen derecho y dignidad para vivir en paz; pero los partidos pactan entregarle la administración del Estado a Gustavo Rojas Pinilla y los factores de la dinámica cultural en desarrollo cambian como lo quiere el guerrero, hacia la guerra.


Entre los estudios que Rojas vive en su carrera militar, es destacable su paso por la tecnología y el armamentismo, de la Alemania nazi; allí conoce la televisión y puede observar el poder inductivo y persuasivo de la imagen, tanto en la televisión, como en la pantalla cinematográfica; un gesto repetido en la imagen se hace modelo de expresión emocional, una acción repetida se convierte en modelo de conducta; la imagen impone el modo de vida nazi en la Alemania nazi y el modo de vida americano, en el norte y el sur de América; así ante la imagen, en pantalla chica o grande, entramos a la era de la cultura programada, compiten radio y televisión; el programador del medio de comunicación homogeniza la apreciación de su audiencia, cualifica su orientación y organiza la movilización, en correspondencia con la ideología que pregona desde sus micrófonos y sus estudios; él controla emoción y pensamiento colectivo; el país se indigna con la masacre de 1928 en las bananeras, mientras ignora la matanza de 1930 en las minas de oro de Marmato; la diferencia está en el poder de quien gobierna en cada masacre y controla el instrumento de comunicación.


Así, a través de los medios de comunicación, Rojas Pinilla, emite la percepción de su pacificación al país, gana un alto grado de popularidad y ansía continuar en el poder; pero es sólo un militar, y el guerrero trama la conciliación liberal-conservadora, con la ubicación y desarrollo de sus capitales, en la integración al mundo global de la postguerra; con este acuerdo le basta un camión con dinamita que estalla en Cali, y acusar al militar del genocidio; más la matanza de estudiantes en la Plaza de Toros de la Santamaría en Bogotá y la ciudadanía aterrorizada apoya la caída del general, con la imagen de dictador construida a través de los mismos medios de comunicación “montados” por su gestión.


Terminando los 50’s, el supra-poder -OTAN, OEA, ONU, UNIT, FMI, etc.-, ha demostrado que tiene el poder para determinar los destinos a Sur América, imponiendo sus métodos: Dictadura = Corrupción, como en Cuba, Bolivia, Brasil, Paraguay y otros países; para Colombia: Frente Nacional = Corrupción + paramilitarismo; la reelección de Alberto Lleras Camargo afianza la corrupción del poder, institucionalizando la tiranía; negociar con bandidos le garantiza al guerrero su objetivo de dominación y sometimiento neo colonialista; y el movimiento cultural ignorante de las coordenadas que dinamizarían su orientación, en dicho momento histórico, cae en manos de la democracia simulada y magnificada por la imagen de democracia salvadora, programada en los medios.


La magnificación de la imagen lo es también del valor y del poder que representa: modelación de la conducta, negación de todo aquello que la imagen oculta o limita en su espacio controlado por el programador, éste limita la libertad de expresión como derecho natural que muta en derecho de propiedad sobre la comunicación audiovisual, como mercancía; el concepto de espectador en las artes representacionales, muta ahora en audiente: objeto de seducción y sujeto deseante, mercancía y unidad de medida del valor y precio de la imagen; la pauta, es el precio que paga una marca empresarial por el número de audientes que la aprecia; en correspondencia cada audiente tiene un precio, la cantidad de audientes marca la capacidad de extensión y expansión del medio, su poder, y la imagen comunicada marca la tendencia en la modelación de la conducta y el consumo. Marshall McLuhan dice hace treinta años El Medio es el Masaje, oculta que la imagen es el masaje, la droga, el condicionamiento. La audiencia, la nueva mercancía.


La imagen y su movimiento significan el contenido seductor en la pantalla; y entre todos los factores en movimiento El Actor se nos presenta, como objeto y sujeto de la significación, la imagen; él contiene la fuerza de atracción y su personaje, el contenido, (también en él, como conteniendo) actúa como sujeto inductor, de la significación; groseramente podríamos decir que es el anzuelo seductor en las pantallas, al servicio de la ampliación del consumo, en la producción de modelos de gusto, consumo y conducta sobre la Audiencia.


Alerta, pre-colegas, si contemplan la vida y sus recuerdos habrán de revelar los engaños vividos, penar por lo olvidado y avergonzarse por lo ignorado; como en 1492 ante nuestros ancestros, en los 60’s, llega el neo conquistador John F. Kennedy, ofreciendo democracia (paramilitarismo + corrupción bipartidista = tiranía) con sus Cuerpos de Paz, como método de reconocimiento de terreno social, productivo e ideológico; Control de Natalidad, la forma mas aberrantemente maltusiana de controlar la pobreza, en algunas zonas de América Latina montan laboratorios para sacarle la matriz a las indígenas; Instituto Lingüistico de Verano, como instrumento de investigación para la apropiación del saber y el conocimiento ancestral; trae también la OTAN con las recomendaciones del General William Yarborough, comandante de los Boinas Verdes, para control o liquidación de la oposición, en la guerra fría; en sus palabras: “organización de grupos paramilitares secretos para llevar a cabo operaciones violentas contra la oposición doméstica o nacional”, se concreta obedeciendo a la política del CNS (Consejo Nacional de Seguridad), con el Decreto 1705 de 1960, por Lleras Camargo; así aparecen en las ciudades y en campos Escuadrones de la Muerte, La Mano Negra y otros cumpliendo misiones de limpieza social y los cadáveres viajan por los ríos sin canoa; ¡Cuántos desaparecidos! es la nueva estrategia; modelo administrativo del Estado cuya política marca el guerrero, con palabras de J.F.K, en la academia militar de West Point en 1962: ”la subversión es otro tipo de guerra (….) Cuando debemos contrarrestar este tipo de guerra, estamos obligados a emplear una nueva estrategia, una fuerza militar diferente,(…..) Una preparación y adiestramiento militar nuevos y distintos“; tomen nota estudiantes, son temas de investigación, como factores determinantes en la dinámica de la cultura, en su expresión en las artes, escénicas y audiovisuales y en sus actores; son las consecuencias del Frente Nacional, bendecido por la atractiva pareja Jack & Jackie.


La violencia que ellos mismos crean, tratada militarmente se transforma en guerra; lo logra el militar como en Vietnam, contra esos cuarenta hombres que conforman las autodefensas campesinas en Marquetalia, Riochiquito y Guayabero, sin lograr su destrucción; le dan nacimiento a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC; estamos en 1964 y es el comienzo de todo un rosario de organizaciones armadas Ejército de Liberación Nacional, Ejército Popular de Liberación y otras, que asimilan el planteamiento del guerrero; la guerra está montada; obedeciendo al Boina Verde, Guillermo León Valencia, fortalece el soporte jurídico para ampliar y legitimar al paramilitarismo con el decreto 3398 de 1965, en continuidad y concordancia del decreto 1705 de 1960, de Lleras Camargo, entre estos Valencias y Lleras surge el Concilio Vaticano II y la teología de la liberación en cuya doctrina es abatido Camilo Torres; se liberan las expresiones artísticas nacidas en los barrios, estimuladas por las parroquias en las que sus sacerdotes, al contrario de los falangistas y musolinianos, ejercen su teología de la liberación; estas jornadas artísticas de los ruralizados de la ciudad, significan el despegue de una dinámica cultural hecha movimiento nacional que emerge comprometido y revelador de esa violencia paramilitar que ya es imposible de ocultar en el país.


Se revela también el movimiento teatral universitario, con un teatro denunciante como Teatro Documental que incita con la información a la reflexión sobre la realidad del país; el resurgimiento de las salas teatrales, en pequeñas compañías como La Casa de la Cultura, se reactiva el Teatro Odeón como Teatro Popular de Bogotá, el Pequeño Teatro de Medellín, el Teatro Experimental de Cali.


A este movimiento se le suma el actor profesional que tiene una formación académica de alta calidad, aprendida fundamentalmente en Europa y Norteamérica, por maestros como el actor y declamador Víctor Mallarino o Bernardo Romero Lozano o Paco Barrero, entran también Santiago García, Enrique Buenaventura y otros que aportan al país las bases de la formación académica del actor nacional, en la Escuela Nacional de Arte Dramático y en la Escuela Distrital Luis Enrique Osorio en Bogotá, el Teatro Escuela de Cali; la Escuela de Teatro de Medellín, etc.


Es el producto de esta dinámica teatral la que le da personalidad nacional ética y estética a la radio y a la televisión, al irrumpir en ellas; nuestros mejores autores y directores salvan los medios de comunicación de su contenido feudal, que refuerza la humildad y abnegación como garantía para alcanzar la misericordia divina y la del patrón, con su derecho de pernada sobre la servidumbre; es el modelo ideológico programado y del que viven los libretistas Félix B. Canget y Delia Fiaggio, fundamentalmente, alineados con la lógica aristotélica.


El movimiento teatral acompaña, como expresión del conflicto nacional en campos y ciudades, la protesta de trabajadores, campesinos y movimiento popular; el teatro que surge en las universidades, bajo la dirección de los Maestros Santiago García, Enrique Buenaventura, Gilberto Martínez, Carlos Duplat, Carlos José Reyes, Paco Barrero, Germán Moure, Ricardo Camacho y otros, a quienes ruego que me disculpen el olvido, se constituyen en vanguardia del teatro estudiantil; con sus estética realista en la diversidad de los contenidos representados, se convierte en eje fundamental para la concientización de la nueva población que conforman las ciudades, con la inmigración campesina; aumenta también la formación de grupos de teatro, como pequeñas compañías o grupos informales pero todos con un gran compromiso con el país, la Casa de la Cultura, La Mama, El Local, El Búho, el Pequeño Teatro de Medellín, La Culona de Bucaramanga, la Universidad del Valle. Los últimos años de esa década sesentera esta marcada por la proliferación de la expresión teatral, la extensible influencia del Mayo francés y la entrega del país a las fuerzas militares, bajo la Ley 48 de 1968, de Carlos Lleras Restrepo creando el Consejo Superior de Defensa Nacional-CSDN como máximo órgano de conducción del Estado en materia de Seguridad Nacional, y el ejército ahora es vigilante de barreras ideológicas en los términos del Boina Verde General William Yarborough, y del Coronel Fernando Landazábal Reyes que en 1968 publica su libro Estrategia de la subversión y su desarrollo en América Latina en cuyo capítulo “La Acción Cultural”, califica al movimiento artístico y particularmente al teatro, como parte de la verdadera ofensiva comunista en el campo de la cultura, objetivo militar ante La Mano Negra y los Escuadrones de la Muerte, léanlo, saquen sus conclusiones y pregunten dónde están sus colegas de esa época; queda claro también que entre los Valencia y los Lleras conforman la estructura política, jurídica, administrativa y militar que caracteriza, el engaño, la impunidad, la corrupción, el saqueo y el autoritarismo de una Tiranía.


En los años 70’s, estrenamos presidente con su consigna presidencial “objetivo el pueblo”, así con el sentido militar que se escucha; la oposición, a la clandestinidad; impone el UPAC, que amplía el camino de la corrupción al sistema financiero; se evidencia el creciente poder del narcotráfico y se acusa al gobierno de Alfonso López Michelsen de resolver la balanza de pagos con la famosa ventanilla siniestra, por donde entran los dineros de la marihuana; también la desaparición de las distribuidoras de cine mexicano, diversión preferible del pueblo que no sabe leer, y Cine Colombia monopoliza la distribución cinematográfica, con el cierre continuo de salas de cine, perdemos la expresión del cine italiano, del francés, del alemán; en el ámbito de la expresión representacional teatral, una lectura equivocada de la realidad entiende al actor en el set de televisión como prostituido, se evade el real valor de su expresión en cada uno de estos espacios, incluyendo la actuación en cine; surgen las guerrillas urbanas, brilla el M-19.


La década de los 80’s debe estar mas visible para todos ustedes, bien por el recuerdo de sus padres o sus maestros adultos o por la fama heredada de ser colombiano perico, marimbo o sicario, recuerden que de la muerte en esta década se habla poco de los muertos al detal, el crimen es al por mayor y sin descuento, el exterminio de la UP; es la voluntad del Boina Verde, la ampliación del paramilitarismo, la magnificación de la tiranía de nuevo tipo, en la cual el imperio de las armas se comparte entre el Ejército Nacional y las Autodefensas Unidas de Colombia, financiadas por varias multinacionales, por ganaderos, por otros y sus aliados del narcotráfico, las fuerzas que, en los comienzos de este siglo, los llevan al pódium del Capitolio Nacional a donde llegan Castaño y Mancuso entre cantos y aplausos a dar órdenes al Congreso del que son dueños en el 70%, según sus propias palabras; la alianza público-privada del paramilitarismo, significa la refundación de un estado compartido, liderado por la impunidad, el abuso del poder, la corrupción, el falso positivo, la injusticia, el genocidio, el saqueo de los recursos naturales y los otros; con bandidos se negocia, son los hijos espurios del capital, la oposición se descabeza. El negocio de la cultura en nuestro continente con las políticas del supra-poder construye al héroe bandido, como elemento corruptor de toda la sociedad, la honradez se convierte en utopía de revolucionarios y causa de burla.


Los 90’s comienzan con una nueva constitución impedida por la misma estructura de guerra, de impunidad y corrupción que el supra-poder del capital, programan en contra de la voluntad de los pueblos; toda la economía se desarrolla sobre la amenaza, la política también, el miedo y el terror obligan a olvidar para subsistir, esto fortalece el cinismo del corrupto, del criminal y del tirano, fortalece al bandido; el honrado vive apenado por su debilidad.


Es la estructura de valores que está determinando la dinámica de la cultura, la que reciben los jóvenes actores que se están preparando en las universidades para asumirse como factor modelador de conducta, modelador de la forma expresiva que requiere el valor ético y/o moral, de la época.


La imagen del actor, al ser apreciada públicamente adquiere el carácter de propiedad pública; al ser producido por el medio de comunicación pierde su vida privada, su pertenencia; este artista que da vida representativa a los personajes revelados a través de la imaginación del libretista, expresa en su propia piel, con su propia voz, con su propio organismo emocional y psicológico, en su propio cuerpo, con su propio intelecto, la dinámica moral en la estructura relacional de valores, costumbres y los mínimos impulsos de un personaje que lo hace suyo, creación en si mismo, como cualidad; es lo que constituye su derecho de autor; su unicidad creativa le otorga la originalidad, y su autenticidad en la representación es lo que le permite al director construir los procesos de significación, alegorización, simbolización que le corresponde a su obra, como totalidad.


Los derechos de autor confirman el reconocimiento que el público ante el escenario y el audiente ante la pantalla le otorgan al actor, por la calidad productiva en el significado de su expresión; se materializan con la presentación de sus créditos en la pantalla, a donde los hemos recuperado; en las salas, salvo muy pocas excepciones, los programas de mano y los afiches resaltan los nombres del escritor y del director, al actor se le aprovecha el rostro pero se le niega el nombre, igual en las revistas de teatro, especialmente las que tratan del teatro como arte, por ejemplo Teatros donde reluce el nombre del fotógrafo sin competir con los del director y del escritor pero olvidando el nombre del actor, que en cada foto es imagen y sujeto expresivo; él caracteriza su valor en la representación y magnificación gesto por gesto y movimiento por movimiento, de la cultura; este saber le da un precio a su creación, y la continuidad de su práctica creativa, su experiencia que cualifica su producto es el valor agregado que eleva su valor y su precio, construye su propio público, su propia audiencia, su inmortalidad, la correspondencia entre Derecho Patrimonial y Derecho Moral; así, el actor es productor de bien público y en este sentido productor cualificado de patrimonio cultural, por lo tanto debe ser también reconocido como responsabilidad del Estado y protegido; los derechos que reclaman los actores son derechos de la cultura, derechos humanos; puesto que su productividad es expresión viva de la dinámica en conflicto que viven los pueblos.


Futuros colegas, observen bien, el gran deseo de quienes han privatizado el uso de los medios de comunicación para acabar con la producción de la expresión nacional, borrarla y convertir el espectro electromagnético, de conductor arrendado, en emisor de los modeladores del consumo de las multinacionales.


Es la herencia que esta generación de tercera edad entrega a la primera, una acumulación de experiencia, recuerdos de derrotas, advertencia de los peligros, nuestra existencia como vencedores del miedo y sobre todo nuestras exigencias.


Nuestra exigencia al capital para que cumpla con la responsabilidad social que la constitución le exige cumplir con el país y sus ciudadanos, al Estado le exigimos cumplir con su responsabilidad de protección, como proyectores del patrimonio cultural, pues nosotros, como lo planteamos en nuestro Proyecto de Ley del Actor necesitamos las mejores condiciones de vida para cumplir, en la cualidad de nuestras creaciones con la mejor calidad en la representación y magnificación de los mejores valores de nuestra cultura; y ante la proyección homogenizadora de la cultura, levantamos la bandera de nuestra riqueza pluriétnica y multicultural; a nombre de ésta asumamos el reto de hacer parte de la reconstitución de la democracia, de la libertad de expresión, del cumplimiento de los derechos humanos, los de la información y la cultura.


El actor por la dignidad de la vida.

Intervención en la Universidad Pedagógica Nacional

Presentación Proyecto Ley del Actor ACA

Agosto 25 de 2016

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